Pasión por la escritura

Todo aquel que se enfrenta a un papel en blanco e intenta reflejar la realidad, la fantasía o el deseo, es un escritor con mayor o menor fortuna a la hora de editar su libro. En ocasiones pienso en aquellos escritores para los que la luz de una vela medio gastada era un lujo, que eran capaces de plasmar paisajes que nunca habían visto, esbozar inventos que no existían, crear mundos apenas soñados, describir pasiones que no habían vivido, tal vez anhelos o dar la vuelta a su alma hasta dejarla del revés para expresar lo que sentían. Intento imaginar su motivación para escribir.

Aquellos que incluso siguieron escribiendo con tesón y afán desmedido, los que murieron de hambre sin ver su obra publicada. Todos esos que sin medios económicos, escribían de alma y de corazón. Hoy en día, muchos de los escritores más famosos tienen asesores para diferentes temas: históricos, vestuario, construcción de máquinas y así con toda la información necesaria para crear un libro. Toda la documentación que aportemos es fuente de riqueza, de cultura y son los andamios para un buen libro, sin embargo, admiro a los autores que eran capaces de dar la vida por su libro, que llenaban de intensidad sus obras, que siguieron escribiendo aunque nunca vieron su tesón recompensado, dejándonos obras universalmente conocidas con temas que siguen vigentes en la actualidad. Ellos son los grandes y sabios maestros literarios. Son los grandes clásicos que nos acompañarán siempre con sus historias plagadas de vida y sus reflexiones repletas de verdades a los que movía su gran pasión por la escritura. ¿Qué hubiese sido de nosotros sin las lecturas que ellos nos regalaron?, ¿hubiésemos evolucionado igual sin sus reflexiones?, ¿el mundo sería el mismo?, ¿estaríamos donde estamos? o quizá, ¿nos hubiésemos anclado en formas de vida anteriores?

La necesidad de sacar afuera todo aquello que, a veces, sin saber por qué, no acertamos a expresar, lo que nos rodea y que no entendemos o no sabemos cómo acoplar en nuestras vidas, ha sido, es y será la base de grandes obras literarias. La Literatura es un filtro de dudas, incertidumbres, denuncias, miedos, desengaños, sueños, frustraciones, tristezas y de todo lo que compone el día a día de nuestras, en ocasiones, incomprensibles vidas. Esa es la parte terapéutica de la escritura y gracias a ella hemos heredado algunos de los mejores párrafos literarios.
Cuando escribimos, dejamos de ser lo que somos, para ser lo que imaginamos. Ahí, es donde el creador aporta su parte única e intransferible, con esa forma de ver la realidad desde un prisma dotado de su parte más íntima y personal.

Escribir es limpiar el alma de todo aquello que la perturba.

Belén de Santiago.

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