Entre gigantes

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Es por estas Tierras manchegas, que solemos recordar con orgullo la figura de Don Quijote de la Mancha. Ha sido un grandioso año en memoria de su nombre y por ende, la de su querida Dulcinea y el siempre entrañable Sancho. Este que viene no es menos grandioso para nosotros, pues venimos a conmemorar el centenario de la muerte de Cervantes.

En una conferencia celebrada en la Sala Sanctorum, el ilustre y entrañable Ángel Sepúlveda, nos decía:

‹Cervantes dedicó uno de sus libros a Quintanar de la Orden. A pesar de que se nombra en más de una ocasión en “El Quijote”, no es en este, sino en “Los trabajos de Persiles y Segismunda” donde Cervantes intentó con mayor intensidad rendir un homenaje a Quintanar, especialmente por la amistad que tenía con los Villaseñores›

Es por ello que en este pueblo, debemos poner todo el empeño posible por recordarlo.
Hace unos días, paseaba con mis padres por una calle de Quintanar, en concreto por la Calle Villamayor. Un señor que entraba en su casa nos invitó a pasar; conocía a mi padre y muy amablemente quiso enseñarnos su creación, toda una obra de arte que de manera artesanal había ido confeccionando en sus ratos libres, nada más y nada menos que una colección de artículos de hojalata, entre los que se encontraba la reproducción del sombrero de Don Quijote, una bacía metálica que utilizaban los barberos y que nuestro ingenioso caballero supo utilizar como yelmo de Mambrino (yelmo ficticio de oro que pertenecía al rey Mambrino y hacía invulnerable al portador)
Aceiteras, farolillos, regaderas, orinales, vasos, jarras… Todo construido con hojalata.

Le pregunté su nombre…

-Leo el hojalatero, para servirle.

Aquel señor tan creativo me recordó que La Mancha sigue teniendo esencia y alma quijotesca. Se puede respirar en los pequeños museos que la gente conserva en sus casas. En Quintanar muchos conocemos algunas Casas – museo como la de Nico en su hermoso y fascinante mundo de Fulingia; Diego y sus laboriosas romanas; José Luis Tavira con su tienda de ultramarinos de los años 40; Amalia, con una casa a la que no le falta detalle, una señora con una imaginación y unas manos dignas de cuento y a la que me encantó conocer… Y otros tantos artistas, desconocidos para muchos, que conservan verdaderas obras de arte. No me olvido de los pintores, escultores, escritores, músicos e infinidad de personas que juntos forman el mundo cultural de este pueblo.

Me gusta que recordemos a Don Miguel de Cervantes Saavedra, pero me gusta aún más que miremos a todas los artistas que hoy forman la cultura y tradición de nuestra Tierra, que hoy se dejan el corazón por expresar su esencia. Quisiera que hoy todo un pueblo aplaudiera a estas personas, Quijotes, Sanchos y Dulcineas del Siglo XXI que nos deleitan con sencillez y maestría el alma de nuestros orígenes.

 

Clara Ortega

©2016

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