Cuento Don Quijote (II Concurso relato corto UNED Ciudad Real)

 

relato-alfonso

 

-¿Eh? ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?

-Mi nombre es Miguel, ¿y el tuyo?

-Mi nombre es Khaled, yo a ti te conozco, eres Miguel de Cervantes, mi padre vivió muchos años en España y le gusta mucho tu libro “Don Quijote de La Mancha”, él siempre decía que el amor por su Dulcinea es lo que le hizo acabar aquí.

-¿Por qué hablas en pasado Khaled?

Ante esa pregunta el niño cogió la mano a Miguel, lo levantó de la silla donde ambos estaban sentados y caminando salieron a pasear por las calles de Damasco, donde antes se vislumbraba el Arco Romano, en la Viae Recta, divisora de la parte musulmana y cristiana en la que ahora únicamente asola la ruina, emanando los restos de un ayer que ya nunca volverá, un pasado que marcará el presente y el futuro en el destino de Khaled ya que no puede evitar señalar un punto en concreto.

-¿Ves ese agujero de ahí, Miguel? Ahí fue donde murió mi padre, transcurría un día muy soleado y de repente el cielo se tornó gris a causa de las bombas que comenzaron a caer sobre nosotros, ¿por qué? Nos preguntábamos en ese momento, siempre que tenía una duda se la preguntaba a mi padre, de mayor quería ser como él, hubiera deseado que aquella tarde me hubiera podido responder a tantas preguntas, no entendía nada, era solamente un niño, ahora soy el hombre de la casa, o eso es lo que mi madre me dice en los breves momentos en los que no llora.

-Mi padre tenía la barba muy parecida a la tuya, siempre me contaba historias del ingenioso hidalgo de La Mancha y su inseparable compañero Sancho Panza, estoy seguro de que hoy el estaría entusiasmado al poder compartir una tarde contigo ¡Estoy cumpliendo su sueño y solamente tengo 13 años! ¿Por qué no me cuentas más historias Miguel?

Khaled conservaba la pasión por la lectura que le había transmitido su fallecido padre, puesto que él era dueño de una pequeña librería situada en la calle Al Amin, perpendicular a la Víae Recta, todavía recuerda con una sonrisa en la cara como su padre le inculcaba el valor de la cultura mientras él se sentaba junto a su héroe leyendo el último cómic recibido, disfrutando de la fragancia que desprende el olor a libro nuevo, no podía ser más feliz trasladando su pensamiento a las palabras que su padre le repetía una y otra vez “Hijo, estudia, lee, vuelve a leer, vuelve a estudiar porque la cultura, la educación y el conocimiento te harán libre”.

Ahora ese niño que pasaba las tardes en la vieja librería y las noches escuchando historias del libro favorito del autor que más admiraba su padre estaba junto a él y no iba a dejar pasar la oportunidad de aprovechar al máximo ese tiempo.

-¿Sabes una cosa Khaled? Me congratula enormemente que un hombre ¡porque ya eres todo un hombre! tenga tanta admiración hacia este humilde servidor, Don Quijote también estaría muy orgulloso de ti, pues compartes muchas características con él, por afrontar el futuro con tanta valentía, por la defensa que haces del amor junto a tu madre y ante todo por tu profunda pasión por los libros.

-¿Por qué Don Quijote se ha convertido en un personaje tan conocido en todos los lugares de la tierra, por qué despierta tantas simpatías?

Miguel de Cervantes esbozaba una sonrisa que transmitía satisfacción, mientras, se preparaba para responder esa duda de un niño que, a pesar del golpe tan duro sufrido, heredero de un escenario que jamás hubiera tenido que vivir nunca nadie, no borraba esa tímida sonrisa que caracterizaba su rostro. La ciudad de Damasco propalaba con su grito más pujante la tristeza a la que estaba siendo sometida, el maltrato que se podía palpar en cualquiera de sus calles, cada paso que ambos daban esbozaba un escenario de continua angustia, de muerte merodeando los pies de ambos, de lágrimas que brotaban en las miradas de aquellos que eran capaces de levantar la vista del suelo, de aquellos que eran capaces de evadirse de la desazón generalizada en el ambiente de aquellas calles

-Khaled, Don Quijote es tan querido y tan conocido en cualquier lugar del mundo porque inculcó en cada lector valores tales como la libertad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, la valentía y sobre todo, pequeño amigo, la lucha por la utopía, la persecución tanto del amor como de cada uno de sus sueños…

-Aquí hace mucho tiempo que dejó de existir la justicia – Khaled interrumpió la explicación – no es justo que mi padre ya no esté, el día que mi padre murió yo me encontraba en el colegio, todavía recuerdo como todos nos escondimos debajo de las mesas cuando empezó a atronar ese sonido que jamás podré olvidar, mi maestra gritaba que no nos moviéramos de ahí, yo temblaba y no podía parar de llorar, en mi clase había una chica que siempre me decía que éramos novios, se llamaba Hala, me daba mucha vergüenza cuando nos cogíamos de la mano pero al mismo tiempo no quería que ese instante acabara jamás, ese día no fue al colegio y ¡cómo eché de menos no coger su mano debajo de ese pupitre! No he vuelto a verla desde entonces, todos los días me toco la mejilla porque me recuerda al último beso que me dio mientras me sonreía y su silueta se desvanecía en el horizonte cuando se marchaba corriendo.

Cervantes no podía contener la tristeza que anidaba en su cuerpo ante la historia que le estaba relatando con tanta claridad aquel niño, la realidad superaba con creces la ficción que sus personajes construían en cada relato que su prodigiosa mente creaba, no entendía como en nombre de la paz se podían romper tantas familias y se podía coartar un futuro como el de Khaled, maldecía la degradación del ser humano que contrapone sus intereses a la vida de tantos inocentes como el padre o la joven amiga de Khaled.

-Te voy a decir algo joven amigo que no quiero que olvides nunca, tú eres tan valiente como nuestro ingenioso hidalgo, sabes perfectamente el significado que tiene la palabra justicia y tienes que trasladarla a cada rincón por donde vayas en tu larga vida, persigue siempre la utopía porque conseguirás alcanzar todos tus sueños, nunca renuncies al amor, y lucha, ahora eres el hombre de la casa.

Miguel, al acabar estas palabras dedicadas al joven Khaled no pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla, la situación le estaba desbordando, necesitaba un abrazo de aquel joven amigo, y así lo hizo, quizás fue el momento en el que más paz sintieron ambos, por un momento, se evadieron de la realidad que los rodeaba dentro de aquellas ruinosas calles.

-¡Soy el hombre de la casa! – recalcó Khaled – eso me dice mi madre, que por cierto tiene que estar ya preocupada por mí, en mi casa mi madre y yo nos repartimos todas las tareas, mi padre siempre me decía que en casa no se ayuda a nadie, que todos vivimos en ella y que todos formamos parte del mismo equipo porque los tres somos iguales, ahora ese equipo somos mi madre y yo, todos los días hacemos juntos la comida, me gusta mucho cocinar, hoy vamos a preparar Mujjaddara, ¡ que hambre tengo!

-¡Seguro que eres un cocinero excelente! – exclamó Cervantes esbozando una leve sonrisa ante la espontaneidad de Khaled.

-¡Hoy comerás con nosotros!, exclamó Khaled a su amigo Miguel en el momento más animado que nuestros dos protagonistas nos estaban regalando en este relato.

-Me gustaría tanto que te quedaras a vivir con nosotros Miguel.

-¿Te gustaría Khaled? podríamos representar entre los dos todas las historias de Don Quijote, tú serías mi fiel escudero Sancho Panza, tu a lomos de Rucio y yo de Rocinante cabalgaríamos todos los rincones de Damasco construyendo nuestra utopía y venceríamos todas las adversidades que amenazaran nuestro sueño.

Mientras divagaban en la manera que tendrían de enfrentarse a molinos de viento y perfilaban la silueta de la que sería su Dulcinea se acercaban a la humilde casa donde Khaled vivía y disfrutarían de esa maravillosa comida que entre los tres prepararían, pues Khaled insistía en que ahora era uno más del equipo.

-Detrás de esa puerta está mi madre esperando mi llegada, siempre me abraza cuando llega y me pregunta que tal ha ido mi día, corre Miguel que está empezando a llover, no quiero que te mojes.

….

….

-¿Miguel?

-¿Miguel? ¿Dónde vas?

-¡Levántate ya maldito crío! – Grita aquella persona con atuendo militar que consigue asustar a Khaled despertando de su sueño exaltado.

-¡Mamá! ¡Mamáaaaa! ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi madre?

Este grito desesperado será el último conato de reencuentro que Khaled intentaría tener con su madre y lo trasladará a su realidad,  nuestro joven protagonista con signos evidentes de un principio de hipotermia ante la incipiente lluvia que caía en aquel campo de refugiados marchaba forzadamente a Turquía, sin la compañía de su madre, otro amor del que es separado y tendrá que reponerse ante un triste desenlace de un joven cuyo único delito fue el de querer representar historias de Don Quijote junto a su padre, fue el de sentarse cada tarde a leer los cómics nuevos que llegaban a su librería y disfrutar de la agradable fragancia que éstos desprendían y quizás en un futuro ser cocinero, no sabemos si Khaled recordará siempre esa conversación que tuvo con Miguel de Cervantes en sueños antes de despertarse ante su infierno, de lo que si estoy seguro es de que gracias a la educación y valores heredados siempre luchará por la utopía, por la conquista de su sueño por un mundo mejor, donde personas como él no paguen las consecuencias de las guerras motivadas por el poder pero que siempre aporta las mismas víctimas inocentes, las mismas desapariciones y que, por fin, la justicia, igualdad, solidaridad, cultura y libertad ganen la batalla al dinero y la codicia.

¡NO A LA GUERRA!

Alfonso García

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