Entre el deseo y la voluntad

A veces me pregunto por qué el deseo se anticipa a la voluntad como una parte más de la persona que somos, aunque es difícil contestar aún entre la calidez de las mantas en la mañana cuando, entre sueños, la realidad a penas se asemeja a una dulce visión. Quizá escribo este artículo para contestarme por corresponder a un pequeño placer momentáneo aun a pesar de creer que puede ser contrario a las férreas creencias arraigadas de anteponer la obligación  al capricho. Quizá no sea el momento adecuado para estas preguntas relevantes cuando las cálidas mantas, aún llenas de sueños, acarician el sopor del despertar. Quizá por satisfacer deseos incumplidos perdidos en la memoria del pasado, anticipamos pequeños caprichos aún a pesar de ser desaconsejables.

Existen escritores racionales que planifican y elaboran su obra sobre una documentación detallada y desarrollan su libro palabra a palabra, hecho a hecho, como Arturo Pérez Reverte con “Hombres buenos”, “Un día de cólera”, y tantas otras muestras de su buen hacer documentado. Formas de escribir hay tantas como personas, por ese motivo también existen escritores viscerales que se dejan llevar por las emociones propias y extrañas para dejar fluir una trama que para ellos mismos se convierte en una revelación, de manera que los personajes les marcan de una manera particular. Así le ocurrió a Julio Cortázar con “Rayuela”, que la desarrolló durante noches y días, sin apenas descanso y consciente de que esa historia debía salir a la luz.

Se pueden escribir libros de diferentes temas, formatos, géneros, en tono serio, formal, informal, cómicos pero, en todos ellos pululan los sentimientos como parte inseparable de la persona y de sus relaciones con el mundo externo e interno, y subyacen en cada una de las palabras del texto ya sea en verso o prosa.

“La magia del orden” de la autora japonesa Marie Kondo, no es solo un libro sobre organización de armarios, sino sobre ordenación de mentes y almas. Su método es una actitud ante la vida, una filosofía sobre la estructuración de espacios. Kondo sostiene que son muchos los efectos positivos que podemos tener en nuestras vidas gracias al orden: suerte, amor y éxito, entre otros, y efectos positivos sobre nuestra propia mente para una actitud adecuada ante la vida. ¿Por qué cuando nos encontramos mal tenemos la manía de tirar objetos que creemos innecesarios? Los objetos materiales nos atan a momentos que no queremos perder y nos unimos a ellos de manera falsa a través de pedazos de materia inerte. Quizá en los momentos trascendentales nos deshacemos de lo que nos ata y nos impide evolucionar hacia donde queremos. Así, cada libro nos puede aportar una nueva visión sobre el mundo y las personas que lo habitan.

Por qué tendemos a desafiar a la razón y la obligación saltando hacia el suelo inconsistente del deseo. A veces, un capricho momentáneo sustituye a un fin recto, serio y sano. Así, la transitoriedad de los pequeños anhelos momentáneos requiere una instantaneidad, una disposición absoluta ante los deseos que puede con la razón fuertemente pulida a base de repeticiones y restricciones. ¿Por qué el capricho momentáneo se adelanta a férreos principios arraigados? Quizá porque las personas somos así, necesitamos un pequeño toque de improvisación en nuestras vidas. Pero en la escritura, no se trata de querer escribir o no, sino de sentir la necesidad de expresar lo que sentimos.

          En ocasiones muy contadas encuentras un párrafo que tan solo sirve al escritor a situar una escena o concretar una parte del libro en proceso de creación; quizá para él fue una parte más de su producción, un eslabón de la cadena necesaria para crear la atmósfera adecuada para terminar el libro pero, para los lectores, un pequeño párrafo bien atado al argumento puede significar una razón para ratificar que merece la pena seguir viviendo o quizá, sobreviviendo. Ese momento de lectura quizá haya sido tan íntimo y personal que el lector lo haya sentido propio y lo integra como una parte más de su vida. Ahí está la magia de la lectura y de la escritura, sumergirte en un mundo ajeno para sentirlo particular e intrínseco como una célula de tu cuerpo.

          Un toque de improvisación viene bien en nuestras estructuradas vidas, incluso es aconsejable de vez en cuando salirse por un momento de la ruta trazada pero, debemos escuchar a la razón como la voz que indica el camino correcto y necesario, porque el capricho se hace oír a la fuerza como el reclamo de un berrinche infantil para interpelar la atención inmediata.

          La voluntad es necesaria, el deseo, aconsejable.

Belén de Santiago.

 

 

 

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