Entrevista a Luis Noriega

Vecinos [cubierta]
OBRA GANADORA

LUIS NORIEGA. GANADOR DE LA III EDICIÓN DEL PREMIO HISPANOAMERICANO DE CUENTO GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

Escritor y traductor nacido en Cali, Colombia, en 1972, radicado en España desde casi veinte años.

 

Bienvenido Luis. Es todo un honor hablar contigo.

En primer lugar, felicitarte por ese merecido reconocimiento por la obra “Razones para desconfiar de sus vecinos”.

¿Qué tiene esta obra para haber conquistado al jurado?

Hola,  Clara. Muchas gracias por la invitación.

Respecto al jurado, lo cierto es que todavía estoy preguntándome qué pasó. Todo premio tiene algo de lotería y siendo el resto de los finalistas tan buenos, es difícil saber qué pudo inclinar la balanza. Si tuviera que jugar a adivinar, diría que quizás el humor, algo que se resaltó en el acta. Yo estoy convencido de que el humor hace más llevadera la vida, y todos los cuentos de Razones  buscan un efecto particular recurriendo a un tipo de humor particular. Hay cuentos en los que el humor es básicamente ligero, producto de una mirada desenfadada sobre la anécdota; hay otros en los que el humor es más irónico y distante, destinado a crear una endeble fachada de protección frente al mundo de pesadilla que se describe.

Estoy de acuerdo contigo, el humor es un fáctor necesario para la vida del ser humano. En algunas circunstancias sería insufrible vivir sin poner un toque de humor.

Y además de esta última obra galardonada, tienes otros libros publicados. Háblanos de ellos.

Antes de Razones había publicado tres novelas.

Iménez, una distopía sobre una sociedad en extremo estratificada en la que quienes quieren escapar de la miseria, la enfermedad y la escasez deben aceptar morir antes de los cuarenta y cinco años. Donde mueren los payasos, publicada en España por Blackie Books, que es una sátira política y editorial sobre «un país corrupto e impotente cualquiera». Y Mediocristán es un país tranquilo, una novela breve que transcurre entre España y Colombia y que yo suelo describir (sin ningún tino comercial) como una serie de apostillas al Eclesiastés.

Tienes una obra interesante, habrá que leerla.

¿Qué te motivó a publicar por primera vez?

Me temo que el factor decisivo fue la vanidad. La vanidad, por pequeña o grande que sea, es un elemento innegable del acto de escribir, pero, se me ocurre ahora, es un componente esencial del deseo de publicar.

Mi primera publicación de ficción fue hace ya casi veinte años: el cuento “El problema de Randy” en la revista El Malpensante. Hasta entonces mis cuentos circulaban solo entre amigos y firmados con seudónimo. Fue el editor de la revista el que me planteó por primera vez si detrás de ese puñado de cuentos había de verdad un escritor. Mi respuesta fue que no, o no todavía, pero me sentí encantado de que quisiera publicarme. Era muy grato pensar que fuera de mi círculo íntimo alguien creía que mis cuentos merecían un público más amplio.

¿Qué opinas del mundo editorial?

El mundo editorial es una etiqueta muy grande para lo que en realidad son varios mundos diferentes. No es lo mismo publicar trabajos académicos que literatura. Y no es lo mismo editar novelas que aspiran a llegar al gran público que obras que por el motivo que sea (experimentalismo, elitismo, ombliguismo) tienen una decidida vocación minoritaria.

En Donde mueren los payasos hay una caricatura constante del mundo editorial que, básicamente, explota los tópicos acerca del editor de literatura con intereses comerciales. Al final de cada una de las partes de la novela, el editor aparece para discutir con el autor la evolución de esta y proponer (e imponer) los cambios que, en su opinión, la harán un éxito: la novela necesita un protagonista con el que el lector se pueda identificar, escenas de sexo, violencia, una mejor ambientación… Y el autor, dócil, obedece. Todo ello, insisto, es caricatura: un juego narrativo y una excusa para discutir, dentro de la novela, cuestiones más propias de la teoría literaria que de la práctica editorial.

En mi experiencia los sellos literarios suelen vivir en un delicado equilibrio en el que las ventas de ciertos títulos hacen posible la publicación de apuestas poco viables desde un punto de vista comercial. En ese delicado equilibrio hay de todo. La misma estrategia, verbigracia los premios, puede llevarse a cabo con más o menos honestidad. Y, por tanto, es difícil hacer un juicio general.

¿Y de las autopublicaciones?

Mi experiencia con autopublicaciones es muy limitada, pero doy por hecho que también en este ámbito un juicio general es imposible. La autopublicación es un camino tanto para el autor con una obra ambiciosa que no encuentra espacio en los sellos comerciales (el mejor ejemplo que se me ocurre es A Naked Singularity de Sergio de la Pava, merecedora luego de importantes premios y traducida a varios idiomas) como para el aficionado con más o menos talento que quiere satisfacer la vanidad de verse en letras de molde. Entre esos dos extremos caben todos los matices. Hay géneros como la poesía que, según me explican, básicamente sobreviven gracias a la autopublicación. Y sé de autores para los que la autopublicación fue la puerta de entrada al mundo literario y el reconocimiento posterior. Como lector, creo que el principal problema de la autopublicación es de filtro. Todos tenemos un tiempo de lectura limitado y por ello descubrir un editor o un crítico en cuyo olfato confiamos es una bendición. En el caso de las autopublicaciones esa clase de filtros son prácticamente inexistentes.

Estoy de acuerdo contigo.

¿Qué detalles crees que definen al buen escritor?

¡Ojalá lo supiera! (risas). Es una pregunta complicadísima. Para empezar porque mis gustos literarios no siempre coinciden con lo que suele considerarse buena literatura. Y porque, estoy convencido, no hay una sola manera de ser un buen escritor.

Tal vez podría responderte mejor como lector. Como lector, valoro en particular las historias bien contadas, que no siempre es lo mismo que bien escritas, aquellas en las que el autor sabe conducirte a un final que, te guste o no, aceptas como necesario. Y también, muchísimo, las historias que te hacen ser otro, una persona completamente distinta a ti y ver el mundo a través de sus ojos. La buena literatura es en gran medida experiencia vicaria.

Alguna vez he escuchado decir a escritores noveles de Latinoamérica que en España hay más oportunidades para darse a conocer. ¿En tu caso ha sido así?

Mi caso es bastante atípico supongo. Yo tuve la suerte de ganar un premio literario recién llegado a España, el UPC de Ciencia Ficción en 1999, con mi primera novela, Iménez, lo que en teoría debería haberme abierto las puertas del mundo editorial en mi país. Sin embargo, no fue así: la novela tardaría doce años en publicarse en Colombia. Tuve una segunda oportunidad con Donde mueren los payasos, publicada en España por Blackie Books. Fue gracias a esa novela que Random Colombia se interesó en mis otros trabajos, probablemente menos comerciales. Con todo, para conseguir que mis cuentos se publicaran en España necesité otro golpe de suerte: el Premio GGM.

La ventaja de España frente a otros países hispanohablantes es que aquí se lee mucho más. El público lector no solo es más grande sino también más variado y eso se traduce en un mundo editorial muy amplio que ofrece, sí, mayores oportunidades.

¿Qué escritores te han inspirado como lector e influido como escritor?

Muchísimos. Esta es una de esas preguntas que tienen respuestas muy diferentes según el momento y el estado de ánimo. Los escritores más influyentes en mi vocación fueron probablemente García Márquez y Borges, sin quienes tal vez nunca me hubiera planteado ser escritor. Kurt Vonnegut, Milan Kundera y Umberto Eco fueron claves en mi formación. Así como los sospechosos habituales de la ciencia ficción: Isaac Asimov,  Fredric Brown, Philip K.  Dick; el relato policial: Poe, Conan Doyle, Hammett; o el terror: Machen, Lovecraft. Además de los clásicos: Cervantes, Swift, Voltaire, Kafka… Y eso sin hablar de autores contemporáneos. Todo escritor es en buena medida sus lecturas y por eso estas listas suelen ser inevitablemente injustas.

¿Qué consejo le darías a los escritores que comienzan?

Hay un consejo (en absoluto original) que cito cada vez que me hacen la pregunta y que resulta particularmente liberador cuando estás empezando a escribir, a saber, que el primer borrador es una mierda. Siempre. La cuestión es que sin ese primer borrador, torpe, contrahecho, horrible, no hay segundo borrador ni tercer borrador: no hay nada. De modo que lo mejor que puedes hacer es entender que el resultado nunca será satisfactorio a la primera (y muchas veces ni siquiera a la última) y que, por tanto, no debes permitir que el perfeccionismo te deje atascado en la primera línea, el primer párrafo, la primera página. Cuanto antes tengas ese primer borrador, antes podrás sentarte a corregirlo y convertirlo en algo menos torpe, menos contrahecho y menos insatisfactorio, algo que puedas mostrar.

Desde la Asociación de escritores El Común de La Mancha queremos agradecerte el tiempo concedido a esta entrevista.

 Aquí tienes tu casa siempre que lo necesites.

Gracias a ustedes por el interés. Esto de las entrevistas es relativamente nuevo para mí y es un gusto toparse con preguntas que te obligan a reflexionar en cosas que, por lo general, sueles dar por sentadas. Ojalá algún día podamos conocernos personalmente.

 

 

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